Análisis emocional del año

Siempre me ha gustado escribir y anotar aquellas ideas e inquietudes que me rondan por la cabeza. Hace años que sigo un diario disperso e indisciplinado. Disperso porque me encantan las libretas y suelo escribir en varias durante el año, otras veces en notas en el smartphone y otras en el pc. Indisciplinado porque no soy constante. Igual una semana escribo todos los días, que luego paso muchos días sin escribir nada. Escribo ese diario sin ninguna intención clara, simplemente para descargar la mente, y lo cierto es que no suelo releerlo. Pero este año, al plantearme el compartir mi análisis y evaluación del año, para la planificación de objetivos para el año próximo, he recuperado y releído ese diario disperso del 2017. He agrupado los fragmentos que me han parecido más interesantes. Y lo que me he encontrado me ha dado mucho que pensar.

Me he dado cuenta que mi estado emocional tiene mucho que ver con la estación del año, el lugar donde me encuentre y la actividad que realice.

En enero y febrero soy introspectiva,  autocrítica, gris y fría como los días de invierno. El entorno rural donde vivo te hace sentir más el peso de la estación más oscura del año. He escrito frases como estas:

No hay nada peor que el dolor de la lucidez, el ver todo lo que hay por conocer, por descubrir, por hacer y no hacerlo, por falta de tiempo, de recursos, de disponibilidad. Sucumbir al día a día, a las obligaciones mundanas, cotidianas, las que te permiten pagar gastos, pero te resecan el alma, y emborronan los sueños.

Debo…debo…debo…Pero las promesas no valen, hay que pasar a la acción, me lo digo mil veces. En todo. En lo profesional, personal, tirar a la basura el retrovisor psicológico que siempre te recuerda el pasado, los y si, que no llevan a nada.

Estoy en una montaña rusa emocional, lo se. Ahora me emociono con algo, ahora detesto lo siguiente. Busco profundidad en lo que veo, en lo que leo, en lo que hablo o escucho, no tengo ganas de banalidades, y eso es difícil. Los días se me hacen iguales, uno detrás de otro, me cuesta levantarme de la cama, pero tampoco me apetece quedarme, me duele todo, la espalda, el cuello, la compañía. Quizás sea ese anhelo de cambio de piel, de invierno a primavera.

En abril y mayo se reactiva la actividad al aire libre. Los trabajos en interior se compaginan con los de exterior, y la visión, la energía cambia. Escribí frases como estas:

Me siento bien, simplemente me dejo ir. Hace unas semanas que practico esta situación, dejarme ir, conscientemente, hacerlo todo con consciencia, lentamente, y me va bien, menos errores y tampoco se pierde tanto tiempo, porque la tasa de errores es menor…

Me doy cuenta que si intento hacer las cosa deprisa, porque sí sin más, en una espiral de estrés absurdo, me equivoco mucho, o corro peligros innecesarios. Al poner consciencia en lo que hago, a una velocidad justa que pueda supervisar lo que hago, sin hacerlo en random, me sale mejor.

El verano es la época de más cambios en mi rutina. Cuando empieza estoy hiperactiva, tanto que me estreso, y si hace mucho calor, me agobio irremediablemente. En julio escribí frases como estas:

El verano ya llegó de lleno. Hace un calor de esos que te deja aletargada durante las horas principales del día. Pensando en todo lo que debería estar haciendo y no hago. Irremediablemente soy una adicta a la acción. Cuando estoy inactiva, por la razón que sea, me cabreo y quiero ponerme a hacer cosas…Es como una obligación autoimpuesta, yo sola me martirizo.

Por suerte siempre tengo lecturas que me ayudan a sosegarme, hoy he encontrado una buena frase, dice así: lo importante en nuestra vida son los pensamientos, no los acontecimientos. Es mi frase del día.

Mi interpretación es que no es necesario estar siempre en acción, no siempre tiene que estar aconteciendo algo, sino que es mas importante lo que pensamos y lo que hacemos con lo que pensamos.

Hoy después de leer la frase he pensado, ahí está, ahí lo tienes. Para. Piensa, reflexiona, medita, recuerda, lee, y deja de hacer cosas estúpidas en momentos que no son los correctos.

En agosto la cosa se pone peor, me vuelvo una sociópata rural:

El pueblo se vuelca en hacer actividades sociales, que se vea que hay “movida”, alegría. Y yo me sumo una vez más, en una sociopatía que aumenta cada año por estas fechas. Acostumbrada a hacer siempre lo que me da la gana en este rincón olvidado del mundo, de repente te encuentras gente por la calle, te paran, quieren hablar, no tienen prisa, perturban el precioso silencio del lugar.
Los olores a comida de varias casas saliendo por los tubos de ventilación de las campanas extractoras invaden la calle, como si estuvieses en un patio de luces de un bloque de pisos de la ciudad. El olor a ajo se mezcla con el del café, las tostadas, las gambas o las sardinas. Una ecléctica y desagradable invasión del sentido del olfato.
Lo autóctono molesta a los foráneos, gatos, perros, moscas, y todo tipo de bicho no humano, lo humano también si se precia.
El sonido de los coches ensordece el bonito canto de las golondrinas, el de los gritos en las casas, el dulce murmullo del silencio.

En septiembre por fin llega el esperado cambio de aires. Me largo a Francia hasta hace unos días. Allí todo se calma, se coloca en su lugar.

Con lo que me costó encontrarme en esta casa y ahora ya me reconozco en ella, me siento muy a gusto. Espacios amplios, muy amplios, cosas que hacer, todo es acción, cosas nuevas, no quiero moverme de aquí.

Estos últimos meses del año han sido complicados, estaba físicamente en Francia, haciendo muchas cosas, muchas actividades, leyendo mucho, escuchando muchos podcast, creando y perfilando nuevas ideas y proyectos. Pero la situación en Catalunya, en España, me afectó mucho. Desde el 1 de octubre hasta mediados de noviembre, miraba en  twitter todo tipo de noticias relacionadas con el tema. Pero finalmente paré, me saturé, escribí esto:

Lo que está pasando es una puta locura, pero he desconectado, por fin he desconectado. Después de muchos días de estar pendiente de todo lo que pasa, al final he cortado. No estoy allí, todo me llega por internet o lo que me cuentan y no puedo estar pendiente, me hago mala sangre, no duermo, me canso inútilmente y para nada.

Desde hace ya unos días, he intensificado mi escucha de podcast, he dado un giro a mis pensamientos, y me he enfocado en disfrutar los días que me quedan de estar en Francia, acabar los trabajos que quiero dejar listos, y pensar y escribir todo lo que pueda. Revisar, poner ideas por escrito y recargar bien las pilas antes de volver, porque esta vuelta, esta rentrée va a ser dura.

De lo último que escribí antes de volver de Francia, me quedo con esto. Creo que gracias a esa reflexión estoy aquí de nuevo escribiendo:

El tema profesional. Necesito parar de dar vueltas en círculo, haciendo de bricoleur de dimanche para acabar siempre en ese pozo de inquietud a veces angustia de y ahora qué, por dónde sigo. Soy así y debo afrontar el asunto.
Si utilizase todo el tiempo que invierto en detalles absurdos, en crear cosas de valor, seguramente no estaría escribiendo esto.

Pero cuando te pones a emprender y llevas tiempo haciéndolo aunque sea a medias, o de manera muy dispersa, o haciendo de bricoleur de dimanche, sabes que tienes que hacer miles de cosas dentro de un proyecto o tarea concreta. Y cuando te pones en algo tuyo, que te apasiona, te pierdes en los detalles. También son importantes, pero si tienes una caja vacía que estás intentando decorar como la capilla sixtina, de qué sirve si cuando la abres no hay nada dentro?

Antes de empezar con este análisis del año, escribí este post anterior La última semana del año: análisis, evaluación y nuevos propósitos, para obligarme a hacerlo. Y en él dije:  “hago un resumen rápido de lo acontecido este año, y me doy cuenta que vuelvo a cometer los mismos errores de años pasados. Falta de foco, falta de compromiso en algo concreto, y mucha dispersión”. Todavía no había recopilado y releído los fragmentos de mi diario, pero ya intuía, porque no es nuevo, porque año tras año me pasa lo mismo, que la cosa iba por ahí.

Conclusión:
Ha sido una buena idea empezar este análisis, y evaluación del año que se acaba. Gracias a él puedo detectar patrones que repito año tras año, puedo ver qué me pasa, porqué me siento como me siento cuando me siento de cierta manera, y lo mejor de todo, cuando me vuelva a ocurrir, sabré porqué y quizás pueda afrontarlo de mejor manera.

Este análisis ha sido el que me ha llevado más tiempo, y el que me ha hecho escribir más. Está claro que soy muy emocional.

Me queda el análisis económico, profesional, personal y social. Y plantear los objetivos del año próximo, así que mañana estoy aquí de nuevo.

 

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